Una obra puede tener contrato vigente, recursos asignados, planos, contratista e interventoría y, aun así, quedarse detenida. Cuando esto ocurre, el problema no siempre está en la ejecución física. A veces está en la información que permite tomar decisiones sobre ella.
En septiembre de 2026, una mesa de trabajo convocada por la Contraloría Departamental de San Andrés, Providencia y Santa Catalina reunió a veedores ciudadanos, contratistas, interventorías y representantes de la Administración Departamental para revisar cuatro proyectos viales con situaciones diferentes: la Vía Industrial, la Vía Angula–Tablitas, la Peatonal de la Avenida Newball y la Avenida Providencia.
Los casos tenían causas distintas. Sin embargo, todos exigían algo en común: información suficiente para definir acciones, responsables, fechas y condiciones de seguimiento.
En la Vía Industrial, uno de los compromisos fue establecer una nueva fecha de reinicio, acompañada de un cronograma y un plan de compras que garantizara la disponibilidad de materiales. La interventoría también debía verificar condiciones de seguridad alrededor de una excavación en el sector Punto Verde.
En la Vía Angula–Tablitas, la situación era diferente. La obra permanecía suspendida por un asunto relacionado con el cambio de socio del consorcio constructor. Antes de definir la continuidad de los trabajos era necesario resolver una situación contractual.
En la Peatonal de la Avenida Newball, la interventoría debía solicitar una definición frente a una placa de concreto fisurada cuya reparación superaba el alcance del contrato de mantenimiento que ya había finalizado.
Por su parte, la Avenida Providencia se encontraba cerca del recibo definitivo, pero todavía requería atender acabados y correcciones pendientes.
Cuatro situaciones distintas, pero una misma necesidad: saber qué información existe, quién debe actuar sobre ella, qué decisión corresponde y cómo se hará seguimiento.
Ese es precisamente el punto donde la conversación sobre interventoría empieza a encontrarse con BIM.

Durante mucho tiempo, hablar de BIM estuvo asociado principalmente con modelos tridimensionales, coordinación de disciplinas y detección de interferencias. Sin embargo, la metodología también plantea una forma estructurada de gestionar la información durante el ciclo de vida de un activo.
La ISO 19650 establece principios para organizar, intercambiar, registrar, versionar y gestionar información entre los diferentes actores de un proyecto. Su aplicación puede abarcar desde la planificación y el diseño hasta la construcción, operación, mantenimiento y cierre del activo.
Para una interventoría, esto cambia la pregunta.
Ya no se trata únicamente de saber qué está construido. También importa saber qué información respalda esa condición, cuál es su versión vigente, quién la generó, quién debe revisarla y qué decisión se tomó a partir de ella.
Una observación en obra, por ejemplo, puede terminar relacionada con un plano, un modelo, una fotografía, una especificación, un responsable, una fecha de atención y una decisión contractual. Cuando esos elementos permanecen desconectados, reconstruir la historia del proyecto puede convertirse en un trabajo adicional.
Cuando la información está organizada, la trazabilidad puede formar parte del propio proceso de gestión.
El caso de San Andrés permite visualizar esta diferencia.
Un nuevo cronograma no debería entenderse únicamente como un archivo actualizado. Para la gestión de información, representa un cambio que debe relacionarse con los compromisos del proyecto, los responsables, los recursos necesarios y el seguimiento posterior.
Una fisura tampoco es solamente una fotografía dentro de un informe. Puede convertirse en una incidencia documentada, localizada, asignada a un responsable y vinculada con la decisión que determine su tratamiento.
Un cambio contractual puede afectar responsables, actividades, fechas y entregables. Una corrección pendiente antes del recibo definitivo puede requerir evidencias, validaciones y registros que permitan demostrar cuándo fue atendida.
La tecnología no reemplaza la decisión del interventor. Permite estructurar mejor la información sobre la cual esa decisión se toma.
La evolución hacia una gestión estructurada de la información implica ampliar las capacidades profesionales.
Un interventor, supervisor o auditor que trabaja bajo procesos BIM necesita comprender los requisitos de información del proyecto, identificar qué debe entregar cada actor, revisar documentación y modelos con criterios definidos, gestionar observaciones, registrar cambios y mantener trazabilidad durante las diferentes etapas.
También necesita comprender conceptos como EIR, BEP, CDE, estados de información, intercambio de información e ISO 19650, además de conocer cómo se relacionan con las responsabilidades de contratistas, diseñadores, interventores y entidades contratantes.
Esto no significa que todos los profesionales deban convertirse en modeladores. Significa que necesitan comprender cómo se produce, organiza, valida y utiliza la información que sostiene las decisiones del proyecto.
El propio Departamento Nacional de Planeación dispone de herramientas relacionadas con la aplicación de BIM en proyectos de infraestructura, incluyendo recursos para requerimientos de intercambio de información, BEP y planes de implementación BIM.
La implementación no tiene que comenzar intentando transformar todos los procesos al mismo tiempo. Puede desarrollarse progresivamente.
1. Diagnosticar.
Identificar cómo se recibe, revisa, almacena y comparte actualmente la información. También conviene detectar dónde se pierden versiones, quién concentra las decisiones y qué procesos generan mayor reproceso.
2. Definir los requisitos de información.
Establecer qué información necesita la entidad, qué debe entregar cada participante, en qué momento y bajo qué criterios de revisión.
3. Organizar el entorno común de datos.
Definir una estructura para gestionar documentos, modelos, revisiones, estados y aprobaciones. El objetivo no es simplemente almacenar archivos, sino establecer un flujo controlado de información.
4. Integrar el seguimiento.
Relacionar avances, incidencias, observaciones, responsables y fechas con la información correspondiente del proyecto. Así, el seguimiento deja de depender exclusivamente de documentos aislados.
5. Estandarizar la revisión.
Establecer procedimientos para revisar modelos, documentos, cambios y entregables. Los formatos y criterios comunes permiten que diferentes profesionales puedan interpretar la información bajo una misma lógica.
6. Medir y mejorar.
Definir indicadores para identificar tiempos de respuesta, incidencias pendientes, reprocesos, entregables rechazados y cumplimiento de compromisos. La implementación BIM debe evolucionar a partir de los resultados del proyecto.
Este enfoque coincide con la necesidad de gestionar la información como un proceso. La ISO 19650-2 establece requisitos para la gestión de información durante la fase de entrega de activos y los intercambios de información asociados.
San Andrés no demuestra que BIM hubiera evitado cada una de las situaciones encontradas en esos cuatro proyectos. Lo que sí permite observar es la cantidad de decisiones que una obra puede exigir cuando aparecen cambios contractuales, problemas constructivos, necesidades de seguridad, pendientes de ejecución o condiciones para reiniciar actividades.
En ese escenario, tener información no es suficiente. Es necesario poder encontrarla, verificarla, relacionarla y demostrar cómo se utilizó para tomar una decisión.
Por eso, el reto de la interventoría no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas. También implica desarrollar una nueva forma de gestionar la información del proyecto.
La conversación sobre BIM comienza entonces a cambiar de enfoque: del modelo como representación de la obra hacia la información como soporte para coordinarla, supervisarla y tomar decisiones.
Y para quienes trabajan en interventoría, supervisión o auditoría, esa diferencia puede marcar la forma en que se gestionarán los proyectos de infraestructura en los próximos años.
¿Dónde encuentras hoy el mayor reto: en la información dispersa, el seguimiento de cambios, la coordinación entre actores, el control de cronogramas o la trazabilidad de las decisiones?
Cuéntanos tu experiencia en los comentarios.
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[1] Contraloría Departamental de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Concertan compromisos para avanzar en las obras de la Vía Industrial, Vía Angula–Tablitas, Peatonal de la Av. Newball y Avenida Providencia, 8 de septiembre de 2026. Consultar boletín oficial de la Contraloría Departamental de San Andrés
[2] Organización Internacional de Normalización (ISO). BIM – Building Information Modelling. Información oficial sobre las normas BIM de la serie ISO 19650. Consultar información oficial de ISO sobre BIM
[3] ISO. ISO 19650-1:2018 – Organization and digitization of information about buildings and civil engineering works. Consultar ISO 19650-1
[4] ISO. ISO/DIS 19650-2 – Information management process. Proyecto de revisión de la norma para la gestión de información durante la fase de entrega de activos. Consultar ISO/DIS 19650-2
[5] Departamento Nacional de Planeación (DNP). Recursos y herramientas para estructuración y seguimiento de proyectos de infraestructura, incluyendo herramientas relacionadas con BIM, ISO 19650, BEP y BIP. Consultar recursos oficiales del DNP
[6] buildingSMART International. Estándares y soluciones abiertas para el intercambio y la gestión de información en el entorno construido. Consultar estándares oficiales de buildingSMART International